-Me encanta recorrer tu espalda con mi lengua hasta llegar a tu nuca, que despiertes con mis besos cuando mis labios encuentran los tuyos, que sin poder abrir los ojos, sonrías y me preguntes que si he dormido bien.
-Pero... si nunca hemos dormido juntos.
-No, no lo hemos hecho; pero sucede tantas veces en mi cabeza, que es como si realmente pasara.
Hoy ha sido un día largo, tan largo que parece que ha tenido 48 horas. Me he levantado pronto. No he desayunado. El teléfono ha sonado, me he caído al salir de la ducha y tras de mi, la barra y, la cortina. Sentada en el suelo, completamente mojada, sin saber si lo que me recorría la cara era lágrimas o el agua de mi pelo chorreante... -"Creo que deberíamos limpiar las juntas de las baldosas del suelo" pensé. Oigo el teléfono de nuevo, pero parece que está en el piso de al lado, porque su timbre suena muy lejano. Sigo sentada. -"Creo que deberíamos limpiar las baldosas de las paredes" pensé. Me levanto, dolorida. Y me metí en la cama, otra vez. Una vuelta, otra vuelta.... Me vuelvo a levantar, me visto y me acuerdo del teléfono. -"Andá... L..." Hacía meses que no sabía nada de él. Llama otra vez y no se que hacer, miro la pantalla mientras el móvil vibra y suena en mis manos. -¿Si? _Hola muñeca ¿como estás? -Contenta me tienes... Le contesto. _No te enfades princesa (puta manía que tiene de llamarme así) ya sabes lo que pasa, que si mañana la llamo, que si pasado, que si ya para el fin de semana... Además, te tengo una sorpresa... -Ah, pues mira que bien, ¿salgo corriendo a buscarte o que? _Me encanta cuando te pones borde... ¿muy enfadada? -Más bien molesta. _Bueno anda, bajate que estoy al lado de tu casa ¡sorpresa! -Humm.. L, me mudé hace meses... (...) 10 minutos más tarde, y un par de cervezas después, empecé a reír otra vez, nos pusimos al día mutuamente y durante un par de horas, me sentí algo relajada. Me olvidé un poco de todo, en general. _Tan guapa como siempre. -No vayas por ahí... _¿Que haces esta noche? -Dormir. _Va, que ha sido mi cumpleaños. ¿Cenamos y luego salimos? -No... De verdad, no me apetece. _Bueno, pues vente a casa y nos vemos una peli o algo y mañana nos vamos de ruta por Madrid. -Que nooooooo.... no seas cansino, que no quiero. _Que tontita estás, de verdad. (...) Me despido de L, sin no escuchar otras 3 veces la petición de peli más sofá más palomitas y sin que escuche otras 3 negativas, y me subo para casa. Solamente son las 4, y parece que ha pasado un día entero. El resto de la tarde lo paso encocretada en el sofá, cambiando incansablemente de canal y sin muchas ganas. Si no hubiera desaparecido durante tanto tiempo, incluso, si hubiera llamado antes, hace un par de meses ahora no estaría aquí. Estaría riendo o llorando (depende de la peli) o quizá por ahí, disfrutando en la calle de la noche tan buena que hace pero no, aquí estoy escribiendo y, mirando de vez en cuando el mueble sobre el que debería haber un acuario y pensando
Hace calor pero me tapo con la sábana, cierro los ojos.
No me puedo dormir. Se me acumulan las ideas y los pensamientos
Me levanto y salgo a la terraza, un escalofrío me sacude.
Entro en casa. Enciendo la tele, la apago.
Y entonces, pienso. No quiero hacerlo, pero lo hago.
-¿Que voy a hacer contigo...? me pregunta.
-Solo tienes que quereme ,nada más.
Se rie al otro lado del teléfono (...)
Otra vez rodeada de contradicciones, algo que me dice que si, algo que me dice que no pero, por goleada, gana el no.
En realidad, siempre gana el no. Siempre ha sido así.
Por algún motivo que desconozco siempre me reto al que el no, se transforme en si.
Nunca lo consigo.
Lo sigo intentando.
-¿Ves? Es que hay cosas que no sabes que yo se.
Me río al otro lado del teléfono. (...)
Otra vez... otra vez me siento así, pero totalmente convencida de que esta vez lo que me produce estos sentimientos, si me pertenece.
Es evidente que algo no marcha. Y se lo que es, pero me niego a verlo. Me lo niegan, me lo niego y así, cada cosa que oigo y no me gusta o no me creo (pero que hago que si) la transformo en un diminuto granito de arena.
Un día me di cuenta que había aprendido a relativizar las cosas, pero mal. Hay cosas que simplemente hay que cortar con ellas.
¡Zaaasssss! y ya está, muerto el pez, se acabó el punto blanco.
El aire juega y se pierde entre los mechones de mi pelo. Levanto la cabeza, y el sol brillante y cálido hace que cierre los ojos; suspiro... Pienso en todas las cosas que pasan, las cosas que están, y las que vendrán. Toda la gente que estuvo, en la que está, en la que estará. Pienso, y ultimamente pienso mas de lo normal, a veces es bueno, otras creo que me voy a volver loca; las ideas, los pensamientos se entrecruzan en los caminos de mi mente, se mezclan y hacen que me confunda. Lo bueno se vuelve malo y lo malo, peor. Y aparecen los miedos. Algunos son viejos conocidos de los que hacía algún tiempo que no sabía nada. Otros se presentan ante mi, riéndose y burlándose. Vuelvo a suspirar, intento abrir los ojos pero no puedo, el sol no me deja. Y ahí está, a codazos se abre paso entre los demás. La desconfianza. Me mira burlona y me saca la lengua. Se planta delante de mi y con los brazos cruzados puedo escuchar sus palabras... -¿Cuanto tiempo aguantarás...? ¿Cuanto tiempo tardarás en explotar...? Su sonrisa torcida me provoca nauseas, no quiero mirarla pero no puedo apartar la vista. Intento contestar, pero de mi garganta solo salen palabras ahogadas, como gemidos. Se acerca y me abraza. No puedo quitarmela de encima, me ahoga, me axfisia, no me deja respirar. Sería muy fácil deshacerse de ella, pero no lo consigo. Las cosas que ya no están, las personas que ya estuvieron, escarbaron tanto en las heridas que ya no curan, no pueden cicatrizar porque están infectadas de mentiras y desprecios. Necesito una cura, un antídoto, algo... Entonces, miro y detrás de todos los miedos, veo algo, difuso, lejano... no estoy muy segura de lo que es pero brilla más que los miedos y, me sonríe... Una nube tapa el sol, abro los ojos, miro y estoy sola, sentada en la terraza. Miro fijamente al lilo ya sin flores que hay frente a mi. ¿Que haces?-me preguntan. Nada, tomando el sol...
Despues de 8 años sin verlo, ahí estaba. Exactamente igual que la última vez que nos vimos. Nada había cambiado, allí estaba esperandome, en la boca del metro, con su sonrisa infinita. Porque sigue teniendo la manía de tratarme como una puta princesa y concederme todos los caprichos;porque con él nunca hay prisa en nada, porque con él el resto de la gente y lugares, dejan de existir, porque con él me convierto en perfecta y desaparecen todos mis defectos... por eso, pienso, seguir teniendolo idealizado y mantenerlo en el pedestal en el que lo coloqué desde el momento en que lo conocí, como mínimo, otros 13 años más.
Y cuando me pongo los auriculares y escucho la música a toda pastilla, es porque quiero que las notas me atraviesen las neuronas y así, no centrarme en nada más que en escuchar la letra de las canciones. Y a veces, me toca pasearme de tema en tema, porque lo que dice aquella determinada canción no es precisamente lo que necesito para desconectar, porque seguramente sea alguna de las que me hace recordar cosas que han sido demasiado buenas y que se me han escapado que no he sabido retener a mi lado. Y otras, las oigo una y otra vez, para intentar recuperar lo que si era mío por derecho propio pero, me fue arrebatado. Eso si, los recuerdos son míos y nadie, podrá quitármelos nunca. A veces, escucho la canción una y otra vez. Cada golpe de batería, cada solo de guitarra, los bits por segundo que hacen que mis pies se muevan ignorantes de que no están en una pista de baile, si no dando golpecitos en la pequeña estantería del mueble en las que los apoyo cuando escribo. Y a veces, mientras estoy aquí sentada me gustaría sentirme observada, que alguien entornara el ojo en busca de cada letra que tecleo, de cada palabra que escribo, de cada frase que sale de la nada que ahora mismo anida dentro de mí, que se asomara a traición por mi espalda queriendo saber antes que nadie lo que voy a decir... Y quien diga que la música es solo eso, música no sabe lo que está diciendo: es un estado de ánimo en toda regla. Es lo que nos ayuda a comunicarnos cuando no somos capaces de articular palabra... ¿quien no ha le ha mandado alguna vez a alguien una canción para decirle eso que no se atreve? O simplemente quiere decir algo pero de alguna manera especial buscando y rebuscando la canción apropiada: Ni demasiado ñoña, ni demasiado seria. Ni demasiado lejana, ni demasiado cercana... La música, por lo menos a mi, es de las pocas cosas en este mundo que pueden hacerme cambiar de humor con solo un par de acordes.
¿Fue el 2009 un buen año? Haciendo balance, no, no lo ha sido. Cuando un año acaba o va a acabar echas la vista atrás para mirar y ves que has perdido muchas cosas o que otras no salieron como esperabas, pero, que con diferencia ganan las que has encontrado o salieron bien. Los últimos años habían estado compensado, la balanza quedaba equilibrada entre las cosas buenas y las malas, pero este año que acaba de terminar no ha sido así. El platillo "malo" está totalmente inclinado hacia su lado, tocando la mesa, dejando incluso una señal por el peso. Si bien no soy una persona con demasiadas virtudes, desde mis defectos si soy capaz de ser objetiva y se que toda esta catástrofe que me rodea ha sido provocada por mi. Todos sin excepción, aunque creamos que no, estamos llenos de una inmensa fuerza interior y yo, soy de las personas que sabiendo que está ahí, soy totalmente incapaz de dejarla salir, de hacer uso de ella.
Es como estar rodeado de unas gruesas cadenas de acero, que rodeándote pies y manos no te dejan moverte ni hacer nada. Son muy pesadas, y cada día, lo son más; hasta que te agotan por completo y ya, paras de luchar por liberarte de ellas. Incluso sabiendo que esa rendición afecta a otras personas, no solo a ti, lo que multiplica al infinito esa carga. Y ese peso, hace mella, deja una marca imborrable en cada lugar de tu cuerpo y de tu alma que ves cada vez que te miras al espejo. Y es que,siempre he sido así, no recuerdo, desde que tengo memoria, ni un solo momento en mi vida en que no las haya ido arrastrando, lo que si se es que cada año que pasa han ido creciendo hasta aprisionarme totalmente. Hay quien pueda pensar que es simple auto-compasión, una excusa para justificar la apatía, pero no es así: no es una carga nada fácil de llevar, porque lo único que te permite es pensar y darle vueltas a la cabeza y al final, cansada, piensas que las cosas son mejor así, y dejas las cosas estar, que no eres la persona indicada para cuidar ni educar a nadie, y que aunque al principio y fue muy duro, y las decisiones que se tomaron en su momento fueron para tener algo propio, digamos, por ejemplo,una vida;ahora es mejor que no estés a su lado porque sabes que no puedes ni podrás nunca ofrecerles lo que ahora tienen. Y se pasa realmente mal, porque sabes que tus decisiones y tus no decisiones, no solo te afectan a ti, si no a todo aquel que te rodea, pero a pesar de todo eres totalmente incapaz de dar el paso, por mucha ayuda que te ofrezcan. Y la cosa empeora, cuando las ayudas, poco a poco se convierten en órdenes y ultimátums. Porque a pesar de todo, hay cosas con las que soy firme y si de algo estoy segura es que a veces, mis actos o decisiones son las correctas. Tengo pocos amigos, pero los que lo son realmente,sin comprender muy bien que es lo que pasa conmigo o porqué hago o digo ciertas cosas,lo intentan y están ahí;aunque lo único que puedan hacer por mi, es ver como se autodestruyo. Me da mucho miedo, empezar a andar de nuevo, poder crear al núcleo por el que me marché, y que ya juntas en el camino, vuelva a tropezarme con las cadenas y no ser capaz de quitármelas de encima. Eso si que sería una verdadera catástrofe. Y así, van pasando los días, sin pena ni gloria y veo como los demás, a pesar de las adversidades, van avanzando y yo, me quedo en el mismo sitio viéndolos avanzar hacia su meta. 365 días, más sola que nunca.