Hace calor pero me tapo con la sábana, cierro los ojos.
No me puedo dormir. Se me acumulan las ideas y los pensamientos
Me levanto y salgo a la terraza, un escalofrío me sacude.
Entro en casa. Enciendo la tele, la apago.
Y entonces, pienso. No quiero hacerlo, pero lo hago.
-¿Que voy a hacer contigo...? me pregunta.
-Solo tienes que quereme ,nada más.
Se rie al otro lado del teléfono (...)
Otra vez rodeada de contradicciones, algo que me dice que si, algo que me dice que no pero, por goleada, gana el no.
En realidad, siempre gana el no. Siempre ha sido así.
Por algún motivo que desconozco siempre me reto al que el no, se transforme en si.
Nunca lo consigo.
Lo sigo intentando.
-¿Ves? Es que hay cosas que no sabes que yo se.
Me río al otro lado del teléfono. (...)
Otra vez... otra vez me siento así, pero totalmente convencida de que esta vez lo que me produce estos sentimientos, si me pertenece.
Es evidente que algo no marcha. Y se lo que es, pero me niego a verlo. Me lo niegan, me lo niego y así, cada cosa que oigo y no me gusta o no me creo (pero que hago que si) la transformo en un diminuto granito de arena.
Un día me di cuenta que había aprendido a relativizar las cosas, pero mal. Hay cosas que simplemente hay que cortar con ellas.
¡Zaaasssss! y ya está, muerto el pez, se acabó el punto blanco.
El aire juega y se pierde entre los mechones de mi pelo. Levanto la cabeza, y el sol brillante y cálido hace que cierre los ojos; suspiro... Pienso en todas las cosas que pasan, las cosas que están, y las que vendrán. Toda la gente que estuvo, en la que está, en la que estará. Pienso, y ultimamente pienso mas de lo normal, a veces es bueno, otras creo que me voy a volver loca; las ideas, los pensamientos se entrecruzan en los caminos de mi mente, se mezclan y hacen que me confunda. Lo bueno se vuelve malo y lo malo, peor. Y aparecen los miedos. Algunos son viejos conocidos de los que hacía algún tiempo que no sabía nada. Otros se presentan ante mi, riéndose y burlándose. Vuelvo a suspirar, intento abrir los ojos pero no puedo, el sol no me deja. Y ahí está, a codazos se abre paso entre los demás. La desconfianza. Me mira burlona y me saca la lengua. Se planta delante de mi y con los brazos cruzados puedo escuchar sus palabras... -¿Cuanto tiempo aguantarás...? ¿Cuanto tiempo tardarás en explotar...? Su sonrisa torcida me provoca nauseas, no quiero mirarla pero no puedo apartar la vista. Intento contestar, pero de mi garganta solo salen palabras ahogadas, como gemidos. Se acerca y me abraza. No puedo quitarmela de encima, me ahoga, me axfisia, no me deja respirar. Sería muy fácil deshacerse de ella, pero no lo consigo. Las cosas que ya no están, las personas que ya estuvieron, escarbaron tanto en las heridas que ya no curan, no pueden cicatrizar porque están infectadas de mentiras y desprecios. Necesito una cura, un antídoto, algo... Entonces, miro y detrás de todos los miedos, veo algo, difuso, lejano... no estoy muy segura de lo que es pero brilla más que los miedos y, me sonríe... Una nube tapa el sol, abro los ojos, miro y estoy sola, sentada en la terraza. Miro fijamente al lilo ya sin flores que hay frente a mi. ¿Que haces?-me preguntan. Nada, tomando el sol...
Hoy, que he tenido un día de esos que yo denomino "cuando me pongo asquerosita" me ha dado por leerme post antiguos... Y me alegra encontrarme las palabras de nuestra querida Lp, que un día desapareció y ya nunca volverá... Comentarios de gente que pasó por aquí de casualidad y dejó su huella... Las palabras de quienes siempre están ahí, letra tras letra, lágrima tras lágrima; durante casi ya dos años. Y nuevamente me doy cuenta que ya no soy "tan yo", que en algún momento del camino se perdió esa pequeña esencia que me hacía escribir con las entrañas, porque no era yo quien escribía, eran mis vísceras. Miedosas y cobardes, no se atreven a gritar todo lo que hay dentro de mi y que tan bien conocen, mejor que yo misma. Cobardes y miedosas temen que las palabras dañen a alguien que quizá no debería sentir el agravio, porque seguramente, las merezca. Y así, un día tras otro, se acumula todo, pero se con certeza, que el día en que todo fluya nuevamente, llegará.
Y a veces, me encuentro perdida y no se muy bien donde estoy... aunque tenga delante un mapa en el que esté señalizado el punto exacto donde me encuentro.
Intento pensar que no hay nada de malo en ello, que le pasa a todo el mundo al menos, una vez en la vida.
Pero, a veces, me da miedopensar que quizá tendría que perderme para poder encontrarme.
Hay días en los que es mejor quedarse en la cama, no porque sean malos, sino porque a veces es bueno perderse entre las sabanas un rato más.
A veces extraño el despertar con alguien al lado (pero sólo a veces), porque despúes de tanto tiempo durmiendo sola he llegado a la conclusión de que quizá eso sea lo que me espera, no volver a compartir las sábanas con nadie.
Cuando tenía una cama de noventa, quería una más grande para poder poder perderme por ella.
Cuando la tuve más grande, poco la pude disfutar sola, enseguida me emparejé.
Y ahora que es más grande aún y la tengo para mi, duermo a la orilla, sin moverme, como si todavía la compartiera y tuviera miedo a despertar a un alguien inexistente.
Algún día, en mi cama; me sentaré sobre tu cuerpo desnudo y las raíces de mi alma arraigarán en tu cuerpo.