Hay días en los que es mejor quedarse en la cama, no porque sean malos, sino porque a veces es bueno perderse entre las sabanas un rato más.
A veces extraño el despertar con alguien al lado (pero sólo a veces), porque despúes de tanto tiempo durmiendo sola he llegado a la conclusión de que quizá eso sea lo que me espera, no volver a compartir las sábanas con nadie.
Cuando tenía una cama de noventa, quería una más grande para poder poder perderme por ella.
Cuando la tuve más grande, poco la pude disfutar sola, enseguida me emparejé.
Y ahora que es más grande aún y la tengo para mi, duermo a la orilla, sin moverme, como si todavía la compartiera y tuviera miedo a despertar a un alguien inexistente.
Algún día, en mi cama; me sentaré sobre tu cuerpo desnudo y las raíces de mi alma arraigarán en tu cuerpo.
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