sábado, 23 de febrero de 2008

Sigo aquí








Ahora que tengo la posibilidad de volver a trabajar, ya sea en la sanidad publica o en correos, parece que los amaneceres tienen de nuevo otro color.




Si me dan a elegir, prefiero correos; el trabajo físico viene a ser perecido, el sueldo mejor, no haces noches ni domingos ni festivos y no hay que aguantar a quien está totalmente convencido de que su familiar convaleciente es la única persona que está en el hospital y que debes de estar 24 horas a su disposición.





El caso, es que sea como sea, estoy loca por volver a trabajar, volver a madrugar, volver a tener prisa por hacer un montón de cosas, en fin, me muero por volver a vivir..


Estos días los he dedicado, en parte, a visitar los blogs que normalmente visitaba, los tenía un poco abandonados y bueno, así también he estado entretenida.


No te he tenido muchas ganas de escribir pero, por recomendación de mi abogado (si, tú que estás en CR) he vuelto.

También Curro me ha recordado que lo importante de escribir, es escribir para uno mismo. Cuando es por obligación, deja de tener gracia.

El caso es, que para mi se había convertido en eso, en una especie de obligación para con la gente que visita el blog diariamente (hay quien lo hace una media de 50 veces al día, no exagero, lo he comprobado en el contador) y bueno, pues que yo lo hacía par mi, porque no tengo con quien hablar de mis cosas y porque hay cosas que mejor es no contarlas (al menos a alguien conocido no).

Tampoco me considero buena escritora, en realidad, ni buena ni mala; el hecho de escribir no me convierte en escritora.

El caso, es que aquí estoy otra vez.

Hace mucho que no se nada de A, aunque sigo visitándolo y se, que él de vez en cuando, se pasa por aquí.

Con quien he tenido suerte es con D, vuelve a escribirme. Me gusta que me escriba, que conteste mis mails, lo poco que me dice, me llena más que todas las palabras juntas que en mi vida me hayan dedicado.

Si lee esto, pensará que soy tonta, que no me cuenta nada del otro mundo pero, no se, yo soy así y no puedo evitar una sonrisa cada vez que su nombre aparece en mi bandeja de entrada.

Me preocupo por el sobre manera, es cierto.

Pienso en él varias veces al día, ¿habrá dormido algo esta noche? ¿que tal día estará teniendo hoy? ¿se sentirá bien o estará melancólico?... y cosas por ese estilo.

Es casi como si formara parte de mi vida, en realidad lo es, porque sale en mis sueños, y cuando sales en mis sueños ya formas parte de mi y, como le dije a alguien hace poco, no es lo mismo que salga en mis sueños que soñar con él.

El caso es que siento la necesidad de cuidarlo, de preocuparme por él porque, a veces, tengo la sensación de que, en el fondo, lo único que quiere es que lo besen y lo abracen.









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