sábado, 6 de octubre de 2007

Alguien y la gente.

Me he levantado y me he dado cuenta que estoy sola, completamente sola.
He dormido sola, esto lo hago desde hace varios años.
He usado la ducha con absoluta tranquilidad, sin prisas, no tengo que ir a ningún sitio hoy.
He desayunado sola, no recuerdo cuando fue la última vez que lo hice.
No hay nadie en casa, solamente yo (yo misma, por suerte, aún no ha vuelto).
Días como estos, antaño, eran días precedidos de una noche sin dormir, noches de ir de un sitio para otro, sin parar de saludar gente, sin parar de sonreír, sin parar de divertirme...
Ahora ya no, no recuerdo la ultima vez que salí, ni tan siquiera para ir al cine o simplemente a dar un paseo sola.
Ahora lloro como una tonta cuando veo series en los que los protagonista tienen esas increíbles vidas casi perfectas, esas increíbles historias de amor casi perfectas y esas increíbles y casi perfectas relaciones familiares y personales.
Porque estoy sola.
No tengo ganas de nada; antes, en un día como hoy, ya habría quedado con alguien para comer, con alguien para tomar un café a media tarde y con alguien para cenar antes de volver a casa.
Antes, algún día como hoy, me hubiera despertado al mediodía, en una cama que no es la mía, después de una noche sin parar de saludar gente, sin parar de sonreír, sin parar de divertirme. Porque en cualquiera de esos momentos seguramente hubiera conocido a un él cualquiera.
Conocer a "un él cualquiera" sucedía a veces; y a veces, cuando esto pasaba dejaba que pensara que me había elegido a mi, cuando en realidad, el elegido era él.
Antes de que me viese yo ya lo había descubierto entre la gente.
Mis amigos muchas veces no aprobaban mi conducta, pensaban que en noches como esta yo "salía de caza" lo cual no era del todo cierto.
Normalmente esto sucedía cuando mi cabeza estaba desordenada y necesitaba escapar.
Alguien que no me conociera, que no supiera de mí y por lo tanto, ni hiciera preguntas ni quisiera saber.
Alguien que sólo quisiera esa noche, esos momentos y deseara a la apariencia de lo que yo no era.
Alguien que sólo quisiera tocarme sin tener la necesidad de sentirme.
Alguien que solamente quisiera mi exterior y dejara en paz mi interior.
La gente que me rodeaba siempre quería mirar mis ojos y ver detrás mi mirada.
La gente que me rodeaba siempre quería "urgar" dentro de mí.
Y yo no quería (ni quiero) porque:
Siempre que dejaba asomar mi yo más íntimo me hicieron daño.
Siempre que dejo asomar mi yo más íntimo, me lo siguen haciendo.

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