viernes, 5 de octubre de 2007

Los ojos que no me ven

La verdad es que no he escrito estos dos días porque quería contar tantas cosas que, al final, no me salía nada.
Encendía el ordenador, entraba aquí y después me quedaba mirando como parpadeaba el cursor sin tener muy claro que era lo que quería escribir.
Yo misma ha leído un par de veces el último post, y después de pensárselo mucho ha decidido darme una tregua, sabe que la necesito, sabe que necesito quedarme mirando a la nada, absorta, con la mente en blanco. Me lo ha concedido.
Lo malo, es que casi (solo casi) la echo de menos, ahora no tengo con quien hablar, y claro, entonces pienso.
Pienso.
Y me pregunto porqué has dejado de contestar mis correos, porque vuelves a castigarme con tu silencio ahora que empezabas a dejarte "ver por dentro", eso me lo hace más difícil.
¿Muchas ocupaciones? Lo sé; como tú también sabes lo que me gusta abrir el correo y encontrar una respuesta a mis mensajes, por escueta que fuera.
Pienso.
Y me doy cuenta de que hace varios días que no hablamos por el messenger.
Me parecen muy lejanos aquellos días en los que, incluso cuando te fuiste de vacaciones, todos los día me mandabas un correo para saber de mí, y así yo sabía que estaba en tu pensamiento.
Y es que sois las dos únicas personas que tengo al otro lado de la pantalla de mi ordenador, y me gusta que estéis ahí porque puedo contar y deciros lo que quiera sin temor a ser juzgada.
Puedo decir lo que quiera porque no estáis aquí, no estáis delante para ver, como al hablar, vuestras bocas me cuentan unas cosas y vuestros ojos, me dicen otras.

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